lunes, 15 de diciembre de 2014

Descubre

Levántate, no conoces nada, absolutamente nada. Tu mundo es mágico y la posibilidad de hacer grandes cosas también lo es, no recuerdas ni quién eres, qué has hecho para llegar donde estás. Sólo sabes que ahí estás y punto. Suficiente, pero insuficiente al mismo tiempo. Suficiente porque no tienes absolutamente nada que perder y automáticamente todo que ganar. Insuficiente porque tu pasado no existe, aunque este insuficiente podría ser bueno, si no mencionáramos que debes empezar tu plan otra vez, el plan de acción del futuro, tu meta. Debes idear todo tu futuro, otra vez.

Tu alrededor te resulta muy incómodo, puesto que no lo conoces, es nuevo y no sabes qué te puede traer. Pero ni siquiera puedes volver a una situación de comodidad al verlo, nunca lo has visto y no lo puedes relacionar con nada. Tu mente entonces está blanca, pero también negra. «¿Qué pasaría -pensó- si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?». Te acuerdas precisamente de las palabras que Kafka empleó en "La metamorfosis", pero no recuerdas dónde las escuchaste, qué es y para qué fueron usadas. La vieja cama de Samsa no existe en tu habitación, era sólo una suposición.

DESCUBRE: El mundo te espera, sales a la calle y tu situación es desesperante, no conoces nada, no tienes idea de qué son los autos, ni los semáforos, y te prometo que aunque te llevase trescientos años atrás no podrías reconocer absolutamente nada. Los caballos también te resultarían sumamente extraños. Pero no estás viviendo hace trescientos años, sino que cuando saliste a la calle te encontraste con autos; o cosas que se mueven. Aunque extrañamente te mueves con seguridad, como si todo aquello nuevo fuera viejo y esté dentro de tu pequeña burbuja mental, simplemente de lo que conoces.

DESCUBRE: Eliges entrar a un café distinto, pero no lo eliges, sólo lo haces. Eliges tomar ese otro colectivo, ese que nunca habías tomado y caminar únicamente por el cordón de la vereda, a un poquito de ser víctima de otro de los tantos accidentes automovilísticos, aunque este sería raro porque sería casi premeditado. Si lloviera, verías esa lluvia de manera distinta al reflejo instantáneo de tu mente. Tal vez de forma alegre, si antes la aborrecías, o quizá la contemplarías como un llanto de Dios, y optas entonces por alegrar el día, y mejorar tu conducta. Tal vez.


Tus ojos no ven, tu mente lo hace. Únicamente la dilatación de tus pupilas es un reflejo de lo que opina tu mente al ver a esa chica o chico tan especial. Si divisáramos a alguien con especial atención, podríamos observar cómo frunce, por ejemplo, el ceño. Pero podríamos advertir también que la mente es la responsable. También lo es de nuestros actos y conductas.

Aprendamos a programar nuestra mente escuchando, pensando, viendo y sintiendo distinto, es un cambio de aire, un cambio de ambiente que la mente alguna vez agradecerá. La costumbre y lo viejo para la mente no son sanos, ni esfuerzo necesita hacer, pero si probamos realizar nuevas actividades o recorrer nuevos lugares experimentamos otros sentimientos, emociones, y le damos a nuestra mente otro lugar para respirar de nuevo.

Atrevámonos a cambiar

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